No es asunto nuestro…

Cuando empecé la carrera en la Universidad, tenía algunas materias de tronco común que compartía con gente de otras áreas.
En una materia, de la cual no recuerdo nada, me tocó hacer el trabajo con una chica a quien conocía poco.

Era rubia, tenía un nombre raro, que tampoco recuerdo, era foránea pero no sé si de coahuila o Tamaulipas.

Nos reunimos afuera de la casa de otra compañera a la que esperabamos que llegara.

La compañera rubia estaba con un embarazo muy adelantado, no tenía ni 20 años, pero había cierta madurez en su semblante.

Le pregunté que cómo le iba a poner a su hijo o hija y me dijo tajantemente “Lo daré en adopción”. Y yo con cara de wtf?. Ella sólo rió y me dijo, “sí, prefiero darlo en adopción.”

Ella se veía tranquila, consciente de su decisión. Yo que ni por la cabeza me pasaba tener un hijo, me hacía muchas preguntas. ¿No lo extrañará? ¿No se arrepentirá? ¿Por qué no se queda con él? ¡Pobrecito bebé! ¿Le dará por buscarlo después? No lo sé. Nunca le pregunté por el padre. Y tampoco recuerdo si realmente le pregunté todo esto, pero recuerdo que había mucha tranquilidad en su decisión.

Ella no estaba jugando. Había aceptado su realidad y había actuado en consecuencia.

Semanas después me la topé en los pasillos de la escuela, ya sin panza. Nos sentamos unos momentos a platicar y me dijo que no quiso verle la cara al bebé. Que solamente vio que se lo llevaron. Fue mejor así, me dijo.

Yo no sé si se arrepintió, yo no sé si le dolió la decisión, yo no sé si estaba convencida, tampoco sé si buscó a su hijo que ya debe tener como 20 años, no sé si piensa en él, si lo lamenta, si cambió su vida, si tuvo más hijos, ya no supe de ella, y sinceramente todo lo que yo o los demás hayamos pensado al respecto es lo de menos.

La decisión de tener o no tener un hijo cuando se está sola le corresponde a ella y debe ser sólo de ella y es algo que todos debemos respetar aunque no nos guste.

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