Red de protección familiar para un feminicida

Hace un par de días hablé con una chica que recién cortó con su novio. El novio había tratado de ahorcarla y la amenazó de muerte. Un novio enclenque e insignificante que en dos tres patadas lo noqueas. Pero ella le tiene miedo. A veces ella le tiene que mentir porque no quiere problemas. Él sabe cómo agredirla sin dejarle marcas y se lo ha dicho sin el más mínimo reparo. No es la primera vez que pasa. Ya van dos años. Las otras veces ella lo ha perdonado.
Ella dijo que le había marcado a la madre de él, para decirle lo que él le había hecho, la madre la escuchó, y le dijo, “si es verdad lo que me estás diciendo, yo voy a hablar con él”. Es decir, puso en duda que ella le estuviera diciendo la verdad. Claro, un feminicida en potencia tiene su red de protección.
Yo no sé qué pasará con esta chica, le dije que ella no tenía la culpa de nada, que le dijera a sus papás, que dejara la vergüenza a un lado, que buscara ayuda, que de momento no se quedara sola. Después habrá tiempo de confrontarlo a él, pero que denunciara.
La experiencia me dice que ella quizá lo perdone. Y no soy quién pa juzgar, la neta. Siento que mi labor está acompañarla en lo que ella decida hacer. Y si lo perdona, pues ni modo. Y ya está. No hay nada que yo pueda hacer.
Pero ayer, mientras manejaba, la parte más pinche de mí soñó despierta y pensó en crear un grupo de hombres y mujeres, anónimos, vigilantes y bien organizado con la intención de putearse bien y bonito a estos especímenes para mantenerlos a raya.
Sí, ya sé, no es la manera de lograr las cosas. Pero me encantó imaginarme al agresor de esta chica, huyendo de ella, con miedo tan solo de verla. En fin, un “estatequieto” no le cae mal a nadie.

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